miércoles, 28 de junio de 2023

La Infancia en los Ranchos de Baja California Sur: Juegos Hermosos e Inocentes que Nos Hicieron Felices

 

Autor: Sealtiel Enciso Pérez

La infancia es una etapa mágica y llena de descubrimientos. En los ranchos de Baja California Sur, esa etapa de la vida adquiere un encanto especial, donde los hermosos e inocentes juegos nos hicieron muy felices y nos permitieron crecer sanos y llenos de salud y agradecimiento. Estos juegos, arraigados en la tradición y el entorno rural, nos conectaban con la naturaleza, fomentaban la creatividad y fortalecían los lazos comunitarios. Recordemos con cariño aquellos momentos de juego que marcaron nuestra infancia y que nos dejaron valiosas lecciones para toda la vida.

En los ranchos de Baja California Sur, rodeados de vastas extensiones de tierra, el juego al aire libre era una parte fundamental de la vida cotidiana de los niños. Los espacios abiertos y la naturaleza ofrecían un escenario perfecto para dar rienda suelta a la imaginación y la creatividad. Desde muy temprana edad, aprendíamos a apreciar y respetar el entorno natural que nos rodeaba, ya que éramos conscientes de que formaba parte de nuestra vida y bienestar.

Uno de los juegos más emblemáticos de nuestra infancia en los ranchos era el "escondite". En medio de los campos y la vegetación, nos divertíamos corriendo y buscando los mejores escondites para evitar ser encontrados. Este juego nos enseñaba habilidades de observación, estrategia y trabajo en equipo, ya que a menudo jugábamos en grupo, fortaleciendo así nuestros lazos de amistad y compañerismo.

Otro juego popular era el "caballito de palo". Con ramas y palos, construíamos nuestros propios caballos imaginarios y nos convertíamos en jinetes aventureros. Montar a caballo era una actividad común en los ranchos, y este juego nos permitía emular a los vaqueros y explorar nuestro entorno de una manera divertida y segura. Aprendíamos a tener equilibrio, coordinación y a disfrutar del movimiento al aire libre.

La "carrera de costales" era otro juego muy querido. Con sacos de yute o costales, nos retábamos a correr y saltar hacia la meta. Este juego no solo nos divertía, sino que también desarrollaba nuestra resistencia física y nos enseñaba la importancia de la competencia sana y el espíritu deportivo. Las risas y los aplausos de nuestros compañeros de juego eran la mejor recompensa al cruzar la línea de meta.

La "rayuela" también era un juego muy popular en los ranchos. Con tiza dibujábamos un circuito en el suelo y, con piedras como marcadores, intentábamos avanzar por los diferentes casilleros sin pisar las líneas. Este juego, además de entretenernos, desarrollaba nuestra coordinación y equilibrio, y nos enseñaba a seguir reglas y respetar los turnos de juego.

En los días calurosos, los juegos con agua eran especialmente refrescantes y divertidos. Organizábamos "guerras de agua" en las que nos lanzábamos globos y pistolas de agua, riendo y disfrutando de la frescura del líquido elemento. Estos momentos de diversión bajo el sol nos enseñaban a apreciar la naturaleza y a disfrutar de los recursos que nos brindaba.

La infancia en los ranchos también estaba marcada por la conexión con los animales. Los juegos con las mascotas y los animales de granja eran una parte integral de nuestra vida diaria. Cuidar de los animales, jugar con ellos y observar su comportamiento nos enseñaba valores como el respeto, la responsabilidad y la empatía hacia todas las formas de vida.